TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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pues, en primer lugar, de las condiciones de la defi-
nición.
(51) Para que una definición sea perfecta deberá
expresar la esencia íntima de la cosa, y cuidaremos
de no poner en el lugar de esa esencia ciertas pro-
piedades de la cosa. Para aclarar esto, a falta de
ejemplos que desecho para que no parezca que quie-
ro revelar los errores de los demás, tomaré sola-
mente el ejemplo de una cosa muy abstracta, que se
puede, indiferentemente, definir de una manera
cualquiera, es decir, el círculo. Si se le define como
una figura en que las líneas trazadas del centro a la
circunferencia son iguales, nadie dejará de ver que
esta definición no expresa en absoluto la esencia del
círculo, sino sólo una de sus propiedades. Y aunque,
como he dicho, esto importa poco cuando se trata
de figuras y de otros entes de razón, importa mucho
desde que se trata de seres físicos y reales: efectiva-
mente, las propiedades de las cosas no son clara-
mente conocidas mientras no se conocen sus
esencias. Si proseguimos sin detenernos en las esen-
cias, trastornamos necesariamente el encadena-
miento de las ideas que debe reproducir en el
entendimiento el encadenamiento de la Naturaleza,
y nos alejaremos completamente de nuestro fin. Para