SPINOZA
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seguida, o así que sea posible, si existe un Ser, y cuál
es, que sea causa de todas las cosas, de modo que su
esencia objetiva sea también causa de todas nuestras
ideas; y entonces nuestro espíritu, como ya he dicho,
reproducirá la Naturaleza tan perfectamente como
sea posible, pues poseerá objetivamente su esencia,
su orden y su unidad. Por ello podemos ver que ante
todo es necesario inferir siempre todas nuestras
ideas de las cosas físicas, o sea, de seres reales, avan-
zando, en cuanto sea posible, siguiendo la sucesión
de las causas, de un ser real a otro ser real, sin pasar
a las cosas abstractas y generales, sin inferir nada real
de estas cosas, y sin tampoco inferir de ellas un ser
real, pues ambas cosas interrumpen el verdadero
proceso del entendimiento. Hay que advertir, sin
embargo, que por serie de causas y de cosas reales
no entiendo aquí la sucesión de cosas singulares su-
jetas al cambio, sino sólo la sucesión de cosas fijas y
eternas. Por lo que concierne, en efecto, a la suce-
sión de las cosas singulares sujetas al cambio, sería
imposible a la debilidad humana aprehenderla, tanto
por su multitud superior a toda cantidad, como a
causa de circunstancias infinitas reunidas en una sola
y misma cosa, cada una de cuyas circunstancias pue-
de hacer que la cosa exista o no; pues la existencia