SPINOZA
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que exista algún principio que dirija nuestros pen-
samientos hacia ella. Además, puesto que el método
es el conocimiento reflexivo mismo, este principio,
que ha de dirigir nuestros pensamientos, no puede
ser otra cosa que el conocimiento de lo que consti-
tuye la forma de la verdad y el conocimiento del en-
tendimiento, de sus propiedades y de sus fuerzas.
Cuando hayamos adquirido esto, tendremos un
principio del cual podremos deducir nuestros pen-
samientos, y una vía por la cual el entendimiento
podrá, en la medida de su capacidad, llegar al cono-
cimiento de las cosas eternas, atenido a sus propias
fuerzas.
(61) Si corresponde a la naturaleza del pensa-
miento formar ideas verdaderas, como se ha mos-
trado en la primera parte, hay que indagar aquí lo
que entendemos por las Fuerzas y la Potencia del
entendimiento. Porque si la parte principal de nues-
tro Método consiste en conocer perfectamente las
fuerzas del entendimiento y su naturaleza, estamos
necesariamente obligados (por lo que se ha dicho en
esta segunda parte del método) a deducir este cono-
cimiento de la definición misma del pensamiento y
del Entendimiento. Pero hasta ahora no poseíamos
reglas para hallar definiciones, y como no podemos