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Filosofía del arte
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lumbre para encender el cigarro, un periódico y el dominó, con lo que
tienen para pasar el día entero». Con este régimen no se embota el
espíritu; mermando las exigencias del estómago, aumentan las de la
inteligencia. Ya los antiguos habían advertido el contraste entre Beo-
cia y el Ática y entre un beocio y un ateniense; el uno, alimentado en
llanuras fértiles, de aire denso, acostumbrado a la comida abundante y
a las anguilas del lago Copais, era tragón, bebedor, tardo de inteligen-
cia; el otro, nacido sobre el suelo más pobre de Grecia, satisfecho con
una cabeza de pescado, una cebolla y unas cuantas aceitunas, criado
en medio de un aire sutil, transparente, luminoso, mostraba desde su
nacimiento una finura y vivacidad de espíritu extraordinarias; inven-
taba, gozaba, sentía, maquinaba sin cesar, sin preocuparse mas que de
su pensamiento, “que era lo único que parecía tener como cosa pro-
pia.”
Por otra parte, si Grecia es un país de montañas, es al mismo
tiempo un país de costa. Aunque menor que Portugal, tiene más ex-
tensión litoral que España entera. El mar la penetra por una infinidad
de golfos, de entrantes, de huecos, de dentellones. Si miráis las vistas
que traen de Grecia los viajeros, de dos veces una, aun en el interior,
encontraréis siempre la faja azulada del mar, el triángulo o el semicír-
culo luminoso en su horizonte. Generalmente está encuadrado por
rocas que se adelantan o por islas que se aproximan formando un
puerto natural. Tal situación impulsa a la vida marítima, sobre todo
cuando el suelo es pobre y las áridas costas no bastan para alimentar a
sus habitantes. En las épocas primitivas no hay mas que un género de
navegación, el cabotaje, y ningún mar del mundo ofrece más facilida-
des que éste para invitar a sus ribereños a practicarlo. Cada mañana el
viento norte se levanta para conducir los barcos desde Atenas a las
islas Cíclades; cada noche el viento contrario los trae al puerto. Desde
Grecia hasta el Asia Menor las islas están colocadas como las piedras
en un vado; con tiempo claro, la nave, que hace este recorrido tiene
siempre tierra a la vista. Desde Corcira se ve Italia; desde el Cabo