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Hipólito Adolfo Taine
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Maleo, las cimas de Creta; desde Creta, las montañas de Rodas; desde
Rodas, el Asia Menor; dos días de navegación median entre Creta y
Cirene; en tres puede pasarse desde Creta a Egipto.
Todavía en la actualidad “los griegos son de madera de marinos.”
En este país, que tiene más de novecientas mil almas, había en 1840
treinta mil marinos y cuatro mil barcos; casi todo el cabotaje del Me-
diterráneo lo hacen los griegos.
Ya en tiempo de Homero tenían las mismas costumbres; con gran
facilidad lanzan un barco a la mar; Ulises construye uno con sus ma-
nos. Van a comerciar, a merodear en las vecinas costas. Negociantes,
emprendedores, aventureros, viajeros, piratas, lo fueron desde el prin-
cipio y durante toda su historia. Con diestras o enérgicas manos iban a
ordeñar las opulentas monarquías de Oriente o los pueblos bárbaros de
Occidente; traían de sus viajes oro, plata, marfil, esclavos, maderas de
construcción, todas las mercancías más preciosas, compradas a vil
precio, y con ellas los inventos y las ideas de los demás; de Egipto, de
Fenicia, de Caldea, de Persia, de Etruria. Tal género de vida pule y
excita la inteligencia de modo extraordinario; esto lo confirma el que
todos los pueblos más precoces,
civilizados
e ingeniosos de la antigua
Grecia, eran marinos; los jonios del Asia Menor, colonos de la Magna
Grecia, corintios, eginenses, sicionienses y atenienses. Por el contra-
rio, los de Arcadia, encerrados entre sus montañas, permanecieron
rústicos y sencillos; de un modo análogo los de Acarnania, Epiro y
Lócrida, que tienen un mar menos favorable y no poseen el espíritu
aventurero, fueron semibárbaros hasta el fin de la historia de la Grecia
clásica; en los tiempos de la conquista romana, sus vecinos los de
Etolia tenían aldeas sin murallas y eran unos feroces salteadores. El
aguijón que había empujado a los demás no había excitado su inteli-
gencia.
He aquí las circunstancias físicas que desde un principio han sido
propicias al despertar del espíritu. Puede compararse este pueblo con
una colmena que, colocada bajo un cielo clemente, pero en una tierra