www.el
aleph
.com
Filosofía del arte
donde los libros son gratis
Este documento ha sido descargado de
http://www.educ.ar
89
convertido en hombre, sólo queda, unido por algunos hilos, o sola-
mente por uno sutilísimo, al fenómeno elemental de que procede. Y
sin embargo queda ligado a él. Zeus, que en la
Ilíada
es un jefe de fa-
milia dominante y en
Prometeo
un rey usurpador y tiránico, conserva,
a pesar de todo, muchos rasgos de lo que fue primeramente: el cielo
lluvioso y fulgurante. Epítetos rituales y antiguas frases indican su
naturaleza original. De él «descienden los ríos», “Zeus llueve”. En
Creta su nombre significa el día; más tarde Ennio dirá en Roma que
es “aquella sublime claridad ardiente que todos invocan bajo el nom-
bre de Júpiter”. Se ve en las obras de Aristófanes que para los aldea-
nos, los hombres del pueblo, los espíritus sencillos y arcaicos, es
siempre «el que riega los campos y hace brotar las cosechas». Cuando
un sofista les dice que Zeus no existe, se asombran y le preguntan
quién es entonces el que hace retumbar el trueno o el que derrama la
lluvia. Ha herido con el rayo a los Titanes, al monstruoso Tifón de las
cien cabezas, los negros vapores, que, nacidos de la tierra, se enrosca-
ban como serpientes, invadiendo la bóveda celeste. Habita las cimas
de las montañas que llegan al cielo, donde se amontonan las nubes,
donde desciende el rayo: es Zeus del Olimpo, Zeus del Ithome, Zeus
del Himeto. En el fondo, como todos los dioses, es múltiple; unido a
los diversos lugares donde el corazón del hombre ha sentido más in-
tensamente su presencia, a las diversas ciudades y aun hasta a las fa-
milias, que, habiéndole contemplado en su horizonte, lo hicieron suyo
ofreciéndole sacrificios. “Te conjuro- dice Tecmeses- por el Zeus de tu
hogar.”
Para representarnos exactamente el sentimiento religioso de un
griego, debemos imaginar un valle, unas costas, todo el paisaje primi-
tivo donde el pueblo griego se estableció. No es el cielo en conjunto ni
la tierra universal lo que siente como seres divinos, sino su cielo, con
su horizonte de onduladas montañas; es la tierra en que vive, son los
bosques que la pueblan, las aguas corrientes junto a las que habita.
Tiene su Zeus, su Poseidón, su Hera, su Apolo, como tiene las ninfas