www.el
aleph
.com
Filosofía del arte
donde los libros son gratis
Este documento ha sido descargado de
http://www.educ.ar
77
Alemania,
donde el fondo nacional más característico no estaba aho-
gado por la organización eclesiástica, o en la
Divina Comedia
de
Dante, que en Italia, por un esfuerzo supremo de trabajo, de exaltación
y de genio, logra, en un poema místico y erudito, la alianza inesperada
de los sentimientos laicos con las teorías teológicas.
En el siglo XVI, cuando renace el arte, nuevos ejemplos atesti-
guan la misma falta de convergencia y una insuficiencia análoga. El
primer dramaturgo inglés, Marlowe, es un hombre genial; sintió como
Shakespeare el furor de las pasiones desenfrenadas, la tétrica grandeza
de la melancolía septentrional, la sangrienta poesía de la historia de su
tiempo; pero no supo manejar el diálogo, variar los acontecimientos,
matizar las situaciones, oponer unos caracteres a otros; su procedi-
miento es el continuo asesinato y la muerte sin palabras. Su teatro,
lleno de potencia, pero malogrado, sólo es conocido por los aficiona-
dos a este género de curiosidades. Para que su concepto trágico de la
vida aparezca, al fin a la vista de todos y con la claridad plena es pre-
ciso que, en pos de él, un genio más vasto, dotado de la experiencia
adquirida, vuelva a modelar las mismas almas. Se necesita que Sha-
kespeare, después de repetidas vacilaciones, haga circular la vida va-
riada, plena y profunda por los esbozos de su predecesor, que fue
impotente para animar ese grupo de seres extraordinarios con los re-
cursos de un arte todavía primitivo.
Por otra parte, al terminar una época literaria siempre se advierte
un período de decadencia; el arte está corrompido, viejo, helado por la
rutina y los convencionalismos. También sus obras carecen de la con-
vergencia de los efectos, pero no tiene esta falta origen en la ignoran-
cia. Por el contrario, nunca fueron los autores más entendidos en
achaques de arte; los procedimientos llegan a la mayor perfección y
refinamiento; casi son del dominio público y los emplea todo aquel a
quien le viene en gana. El lenguaje poético está ya hecho; el escritor
más adocenado sabe pulir una frase, ligar dos rimas, preparar el de-
senlace oportuno. Lo que rebaja al arte es la flojedad del sentimiento.