Vase el REY
PEDRO:
Vamos, duquesa.
ISABELA:
(Mi culpa Aparte
no hay disculpa que la venza,
mas no será el yerro tanto
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si el duque Octavio lo enmienda).
Vanse todos. Salen el duque OCTAVIO, y RIPIO su criado
RIPIO:
)
Tan de mañana, señor,
te levantas?
OCTAVIO:
No hay sosiego
que pueda apagar el fuego
que enciende en mi alma Amor.
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Porque, como al fin es niño,
no apetece cama blanda,
entre regalada holanda,
cubierta de blanco armiño.
Acuéstase. No sosiega.
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Siempre quiere madrugar
por levantarse a jugar,
que al fin como niño juega.
Pensamientos de Isabela
me tienen, amigo, en calma;
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que como vive en el alma,
anda el cuerpo siempre en vela,
guardando ausente y presente,
el castillo del honor.
RIPIO:
Perdóname, que tu amor
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es amor impertinente.
OCTAVIO:
)
Qué dices, necio?
RIPIO:
Esto digo,
impertinencia es amar
como amas.
)
Vas a escuchar?
OCTAVIO:
Sí, prosigue.
RIPIO:
Ya prosigo.
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)
Quiérete Isabela a ti
OCTAVIO:
)
Eso, necio, has de dudar?
RIPIO:
No, mas quiero preguntar,
)
Y tú no la quieres?
OCTAVIO:
Sí.
RIPIO:
Pues,
)
no seré majadero,
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y de solar conocido,
si pierdo yo mi sentido
por quien me quiere y la quiero?