Príncipe y mendigo [5]
2.
La infancia de Tom
Pasemos por alto unos cuantos años.
Londres contaba ya mil quinientos de existencia y era
una gran ciudad, al menos para aquella época. Tenía cien
mil habitantes, y según algunos, el doble de esta cifra. Las
calles eran muy angostas, sinuosas y sucias,
particularmente en el barrio donde vivía Tom Canty, no
lejos del Puente de Londres. Las casas eran de madera,
con el segundo piso más saliente que el primero, y el
tercero asomando los codos por encima del segundo.
Cuanto más altas, más anchas eran las casas. Eran
esqueletos de gruesas vigas entrecruzadas, con sólido
material intermedio, revestido de yeso. Dichas vigas
estaban pintadas de rojo, de azul o de negro, según el
gusto del dueño, y esto daba a aquellas casas un aspecto
muy pintoresco. Las ventanas, pequeñas y con vidrieras
formadas por cristalitos en forma de rombo, se abrían
hacia el exterior, sobre goznes, como las puertas.
La casa en que vivía el padre de Tom estaba situada en
un inmundo callejón sin salida, llamado Offal Court,
cercano a Pudding Lane. Era pequeña, vetusta y
destartalada, pero albergaba numerosas familias indigentes
que vivían en ella lamentablemente hacinadas. La tribu de
Canty ocupaba una habitación en el tercer piso. La madre
y el padre tenían una especie de camastro en un rincón,
pero Tom, la abuela de éste y sus dos hermanas, Bet y
Nan, no sufrían tal restricción, pues disponían de todo el
cuarto y podían dormir donde mejor les parecía. Había allí
los restos de una o dos, mantas y algunos haces de paja
vieja y sucia, pero a aquello no podía llamársele
propiamente camas, porque no estaban dispuestas
debidamente; eran montones de paja, acumulada por la