Mark Twain [16]
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¿Su vestido? Pero ¿es que no tienen más que uno?
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¡Oh, Alteza! ¿Qué harían con más de uno? La verdad
es que cada una de ellas no tiene más que un cuerpo.
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¡Vaya idea curiosa y sorprendente! Dispensa, chico, no
lo he dicho en tono de mofa. Pero tu buena Nan y tu Bet
tendrán en breve excelentes trajes y lacayos; yo haré que
mi mayordomo se cuide de ello. Y no me des las gracias,
porque no vale la pena. Té expresas con corrección y con
gracia. ¿Estás bien instruido?
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Ignoro si lo estoy o no lo estoy, señor. Un buen
sacerdote, a quien llaman el padre Andrés, tuvo la bondad
de enseñarme lo que explican sus libros.
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¿Sabes latín?
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Sí, pero muy poco, señor.
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Apréndelo, muchacho. Es difícil solamente al
principio. El griego es más complicado, pero ni éste ni
ningún otro idioma son difíciles, creo yo, para la princesa
Isabel y para mi prima. ¡Ya oirás cómo hablan! Pero
explícame lo de Offal Court. ¿Llevas allí una vida
agradable?
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Sí, en verdad, señor, excepto cuando paso hambre. Se
dan representaciones de títeres y de monos... ¡Qué
animalitos estrafalarios pero qué bien vestidos van!
Además, hay comedias en las que los actores vociferan y
se pelean hasta matarse todos... Es un espectáculo muy
bonito y no cuesta más que un cuarto de penique, aunque
muchas veces uno no puede disponer de esta moneda.
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Cuéntame más cosas.
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De vez en cuando los chicos de Offal Court nos liamos
a palos con una estaca, a la manera de principiantes, señor.
Los ojos del príncipe centellearon.
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¡Caramba! Pues eso no me desagradaría –contestó
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Continúa, continúa.