EL CAPIT
Á
N PITITO.-
¡
Mentira
parece que
sean ustedes intelectuales y que
pro
muevan estos esc
á
ndalos!
¿
Qu
é
dejan ustedes para los analfabetos?
MAX .-
¡
Eureka!
¡
Eureka!
¡
Eureka!
¡
Pico de Oro! En griego, para mayor claridad,
Cris
ó
stomo.
¡
Se
ñ
or Centuri
ó
n, usted hablar
á
el griego en sus cuatro dialectos!
EL CAPIT
Á
N PITITO.-
¡
Por borrach
í
n, a la Delega!
MAX .- Y m
á
s chulo que un ocho.
¡
Se
ñ
or Centuri
ó
n, yo tambi
é
n chanclo el sermo
vulgaris!
EL CAPIT
Á
N PITITO.-
¡
Serenocio ... !
¡
Serenocio...!
EL SERENO.-
¡
Vaaa ... !
EL CAPIT
Á
N PITITO.-
¡
Enc
á
rguese usted de este curda!
Llega
EL SERENO
meciendo a comp
á
s el farol y el chuzo. Jadeos y vahos de
aguardiente.
EL CAPIT
Á
N PITITO
revuelve el caballo: Vuelan chispas de las
herraduras. Resuena el trote sonoro de la patrulla que se aleja.
EL CAPIT
Á
N PITITO.-
¡
Me responde usted de ese hombre, Sereno!
EL SERENO.-
¿
Habr
á
que darle amon
í
aco?
EL CAPIT
Á
N PITITO.- Habr
á
que darle para el pelo.
EL SERENO.-
¡
Est
á
bien!
DON LATINO.- Max, conv
í
dale a una copa. Hay que domesticar a este troglodita
asturiano.
MAX .- Estoy apr
é
.
DON LATINO.-
¿
No te queda nada?
MAX .-
¡
Ni una perra!
EL SERENO.- Camine usted.
MAX .- Soy ciego.
EL SERENO.-
¿
Quiere usted que un servidor le vuelva la vista?
MAX .-
¿
Eres Santa Luc
í
a?
EL SERENO.-
¡
Soy autoridad!
MAX .- No es lo mismo.