EL SERENO.- Pudiera serlo. Camine usted.
MAX .- Ya he dicho que soy ciego.
EL SERENO.- Usted es un an
á
rquico y estos sujetos de las melenas:
¡
Viento!
¡
Viento!
¡
Viento!
¡
Mucho viento!
DON LATINO.-
¡
Una galema!
EL SERENO.-
¡
Atr
á
s!
VOCES DE LOS MODERNISTAS.-
¡
Acompa
ñ
amos al Maestro!
¡
Acompa
ñ
amos al
Maestro!
UN VECINO.-
¡
Pepeee!
¡
Pepeee!
EL SERENO.-
¡
Vaaa! Ret
í
rense ustedes sin manifestaci
ó
n.
Golpea con el chuzo en la puerta de la Bu
ñ
oler
í
a. Asoma el bu
ñ
olero, un hombre gordo
con delantal blanco: Se informa, se retira musitando y a poco salen adormilados,
ci
ñé
ndose el correaje dos Guardias Municipales.
UN GUARDIA.-
¿
Qu
é
hay?
EL SERENO.- Este punto para la Delega.
EL OTRO GUARDIA.- Nosotros vamos al relevo. Lo entregaremos en Gobernaci
ó
n.
EL SERENO.- Donde la duerma.
EL
VECINO.-
¡
Pepeee!
¡
Pepeee!
EL
SERENO.-
¡
Otro curda!-
¡
Vaaa!-Sus lo entrego.
LOS Dos GUARDIAS.- Ustedes, caballeros, ret
í
rense.
DORIO DE GADEX.- Acompa
ñ
amos al Maestro.
UN GUARDIA.-
¡
Ni que se llamase este curda Don Mariano de Cavia!
¡
Ese s
í
que es
cabeza!
¡
Y cuanto m
á
s curda, mejor lo saca!
EL OTRO GUARDIA.-
¡
Por veces tambi
é
n se pone pelma!
DON LATINO.-
¡
Y falt
ó
n!
UN GUARDIA.-
¿
Usted, por lo que habla, le conoce?
DON LATINO.- Y le tuteo.