EL CONSERJE.-
Ah
í
est
á
Don Latino de Hispalis, con otros capitalistas de su cuerda.
Vienen preguntando por el Se
ñ
or Director. Les he dicho que solamente estaba usted en
la casa.
¿
Los recibe usted, Don Filiberto?
DON FILIBERTO.- Que pasen.
Sigue escribiendo.
EL CONSERJE
sale y queda batiente la verde mampara que
proyecta un recuerdo de garitos
N,
naipes. Entra el cotarro modernista, gre
ñ
as, pipas,
gabanes repelados y alguna capa. El periodista calvo levanta los anteojos a la frente,
requiere el cigarro y se da importancia.
DON FILIBERTO.-
¡
Caballeros y hombres buenos, adelante!
¿
Ustedes me dir
á
n lo que
desean de m
í
y del
Journal?
DON LATINO.-
¡
Venimos a protestar contra un indigno atropello de la Polic
í
a! Max
Estrella, el gran poeta, aun cuando muchos se nieguen a reconocerlo, acaba de ser
detenido y maltratado brutalmente en un s
ó
tano del Ministerio de la Desgobernaci
ó
n.
DORIO DE GADEX.- En Espa
ñ
a sigue reinando Carlos 11.
DON FILIBERTO.-
¡
V
á
lgame un santo de palo!
¿
Nuestro gran poeta estar
í
a curda?
DON LATINO.- Una copa de m
á
s no justifica esa violaci
ó
n de los derechos
individuales.
DON FILIBERTO.- Max Estrella tambi
é
n es amigo nuestro.
¡
V
á
lgame un santo de
palo! El Se
ñ
or Director, cuando a esta hora falta, ya no viene... Ustedes conocen c
ó
mo
se hace un peri
ó
dico.
¡
El Director es siempre un tirano ... ! Yo, sin consultarle, no me
decido a recoger en nuestras columnas la protesta de ustedes. Desconozco la pol
í
tica del
peri
ó
dico con la Direcci
ó
n de Seguridad... Y el relato de ustedes, francamente, me
parece un poco exagerado.
DORIO DE GADEX.-
¡
Es p
á
lido, Don Filiberto!
CLARINITO.-
¡
Una cobard
í
a!
P
É
REZ.-
¡
Una verg
ü
enza!
DON LATINO.-
¡
Una canallada!
DORIO DE GADEX.-
¡
En Espa
ñ
a reina siempre Felipe II!
DON LATINO.-
¡
Dorio, hijo m
í
o, no nos anonades!
DON FILIBERTO.-
¡
Juventud!
¡
Noble apasionamiento!
¡
Divino tesoro, como dijo el
vate de Nicaragua!
¡
Juventud, divino tesoro! Yo tambi
é
n leo, y algunas veces admiro a
los genios del modernismo. El Director bromea que estoy contagiado.
¿
Alguno de
ustedes ha le
í
do el cuento que publiqu
é
en Los
Orbes?
CLARINITO.-
¡
Yo, Don Filiberto! Le
í
do y admirado.