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Se lo dir
é
. Tomo nota.
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¡
De nada!
¡
De nada!
MAX ESTRELLA
aparece en la puerta, p
á
lido, ara
ñ
ado, la corbata torcida, la
expresi
ó
n altanera
- Y
alocada. Detr
á
s, aboton
á
ndose los calzones, aparece EL
UJIER.- .
EL UJIER.- Det
é
ngase usted, caballero.
MAX.- No me ponga usted la mano encima.
EL UJIER.- Salga usted sin hacer desacato.
MAX.- An
ú
ncieme usted al MINISTRO.- .
EL UJIER.- No est
á
visible.
MAX.-
¡
Ah! Es usted un gran l
ó
gico. Pero estar
á
audible.
EL UJIER.-Ret
í
rese, caballero. Estas no son horas de audiencia.
MAX.- An
ú
ncieme usted.
EL UJIER.- Es la orden... Y no vale ponerse pelmazo, caballero.
DIEGUITO.- Fern
á
ndez, deje usted a ese caballero que pase.
MAX.-
¡
Al fin doy con un ind
í
gena civilizado!
DIEGUITO.- Amigo Mala Estrella, usted perdonar
á
que s
ó
lo un momento me ponga a
sus
ó
rdenes. Me habl
ó
por usted la Redacci
ó
n de El Popular. All
í
le quieren a usted. A
usted le quieren y le admiran en todas partes. Usted me deja mandado aqu
í
y donde sea.
No me olvide...
¡
Qui
é
n sabe ... ! Yo tengo la nostalgia del periodismo... Pienso hacer
algo ... Hace tiempo acaricio la idea de una hoja volandera, un peri
ó
dico ligero, festivo,
espuma de champa
ñ
a, fuego de virutas. Cuento con usted. Adi
ó
s, Maestro.
¡
Deploro que
la ocasi
ó
n de conocemos haya venido de suceso tan desagradable!
MAX.- De eso vengo a protestar.
¡
Tienen ustedes una polic
í
a reclutada entre la canalla
m
á
s canalla!
DIEGUITO.- Hay de todo, Maestro.