EL MINISTRO.- V
á
lgate Dios.
¿
Y c
ó
mo no te has acordado de venir"a verme antes de
ahora? Apenas leo tu firma en los peri
ó
dicos.
MAX.-
¡
Vivo olvidado! T
ú
has sido un vidente dejando las letras por hacemos felices
gobernado. Paco, las letras no dan para comer.
¡
Las letras son color
í
n, pingajo y
hambre!
EL MINISTRO.- Las letras, ciertamente, no tienen la consideraci
ó
n que debieran, pero
son ya un valor que se cotiza. Amigo MAX, yo voy a continuar trabajando. A este pollo
le dejas una nota de lo que deseas... Llegas ya un poco tarde.
MAX.- Llego en mi hora. No vengo a pedir nada. Vengo a exigir una satisfacci
ó
n y un
castigo. Soy ciego, me llaman poeta. vivo de hacer versos y vivo miserable. Est
á
s
pensando que soy un borracho.
¡
Afortunadamente! Si no fuese un borracho ya me
hubiera pegado un tiro.
¡
Paco, tus sicarios no tienen derecho a escupirme y abofetearme,
y vengo a pedir un castigo para esa turba de miserables y un desagravio a la Diosa
Minerva!
EL MINISTRO.- Amigo MAX.- , yo no estoy enterado de nada.
¿
Qu
é
ha pasado,
DIEGUITO.- ?
DIEGUITO.- Como hay un poco de tumulto callejero, y no se consienten grupos y
estaba algo excitado el Maestro...
MAX.- He sido injustamente detenido, inquisitorialmente torturado. En las mu
ñ
ecas
tengo las se
ñ
ales.
EL MINISTRO.-
¿
Qu
é
parte han dado los guardias, Dieguito ?
DIEGUITO.- En puridad, lo que acabo de resumir al Se
ñ
or MINISTRO.- .
MAX.-
¡
Pues es mentira! He sido detenido por la arbitrariedad de un legionario, a quien
pregunt
é
, ingenuo, si sab
í
a los cuatro dialectos griegos.
EL MINISTRO.- Real y verdaderamente la pregunta es arbitraria.
¡
Suponerle a un
guardia tan altas Humanidades!
MAX.- Era un teniente.
EL MINISTRO.- Como si fuese un Capit
á
n General.
¡
No est
á
s sin ninguna culpa!
¡
Eres
siempre el mismo calvatrueno!
¡
Para ti no pasan los a
ñ
os!
¡
Ay, c
ó
mo envidio tu eterno
buen humor!
MAX.-
¡
Para m
í
, siempre es de noche! Hace un a
ñ
o que estoy ciego. Dicto y mi mujer
escribe, pero no es posible.
EL MINISTRO.-
¿
Tu mujer es francesa?
MAX.- Una santa del Cielo, que escribe el espa
ñ
ol con una ortograf
í
a del Infierno.
Tengo que dictarle letra por letra. Las ideas se me desvanecen.
¡
Un tormento! Si hubiera