pan en mi casa, maldito si me apenaba la ceguera. El ciego se entera mejor de las cosas
del mundo, los ojos son unos ilusionados embusteros.
¡
Adi
ó
s, Paco! Conste que no he
venido a pedirte ning
ú
n favor. MAX.- Estrella no es el pobrete molesto.
EL MINISTRO.- Espera, no te vayas, M
á
ximo. Ya que has venido, hablemos. T
ú
resucitas toda una
é
poca de mi vida, acaso la mejor.
¡
Qu
é
lejana! Estudi
á
bamos juntos.
Viv
í
ais en la calle del Recuerdo. Ten
í
as una hermana. De tu hermana anduve yo
enamorado.
¡
Por ella hice versos!
MAX.-
¡
Calle del Recuerdo,
Ventana de Helena,
La ni
ñ
a morena
Que asomada vi!
¡
Calle del Recuerdo
Rondalla de tuna,
Y escala de luna
Que en ella prend
í
!
EL MINISTRO.-
¡
Qu
é
memoria la tuya!
¡
Me dejas maravillado!
¿
Qu
é
fue de tu
hermana?
MAX.- Entr
ó
en un convento.
EL MINISTRO.- ,Y tu hermano Alex?
MAX.-
¡
Muri
ó
!
EL MINISTRO.-
¿
Y los otros?
¡
Erais muchos!
MAX.-
¡
Creo que todos han muerto!
EL MINISTRO.-
¡
No has cambiado ... ! Max, yo no quiero herir tu delicadeza, pero en
tanto dure aqu
í
, puedo darte un sueldo.
MAX.-
¡
Gracias!
EL MINISTRO.-
¿
Aceptas?
MAX.-
¡
Qu
é
remedio!
EL MINISTRO.- Tome usted nota, DIEGUITO.- .
¿
D
ó
nde vives, MAX.- ?