EL MINISTRO.-
¡
Querido Dieguito , ah
í
tiene usted un hombre a quien le ha faltado el
resorte de la voluntad! Lo tuvo todo, figura, palabra, gracejo. Su charla cambiaba de
colores como las llamas de un ponche.
DIEGUITO.-
¡
Qu
é
imagen soberbia!
EL MINISTRO.-
¡
Sin duda, era el que m
á
s val
í
a entre los de mi tiempo!
DIEGUITO.- Pues v
é
alo usted ahora en medio del arroyo, oliendo a aguardiente y
saludando en franc
é
s a las proxenetas.
EL MINISTRO.-
¡
Veinte a
ñ
os!
¡
Una vida!
¡
E inopinadamente, reaparece ese espectro
de la bohemia! Yo me salv
é
del desastre renunciando al goce de hacer versos.
DIEGUITO.- , usted de esto no sabe nada, porque usted no ha nacido poeta.
DIEGUITO.-
¡
Lagarto!
¡
Lagarto!
EL MINISTRO.-
¡
Ay, Dieguito , usted no alcanzar
á
nunca lo que son ilusi
ó
n y bohemia!
Usted ha nacido institucionista, usted no es un renegado del mundo del ensue
ñ
o.
¡
Yo,
s
í
!
DIEGUITO.-
¿
Lo lamenta usted, Don Francisco?
EL MINISTRO.- Creo que lo lamento.
DIEGUITO.-
¿
El Excelent
í
simo Se
ñ
or MINISTRO.- de la Gobernaci
ó
n, se cambiar
í
a por
el poeta Mala Estrella?
EL MINISTRO.-
¡
Ya se ha puesto la toga y los vuelillos el Se
ñ
or Licenciado Don Diego
del Corral! Suspenda un momento el interrogatorio su se
ñ
or
í
a y vaya pensando c
ó
mo se
justifican las pesetas que hemos de darle a M
á
ximo Estrella.
DIEGUITO.- Las tomaremos de los fondos de Polic
í
a.
EL MINISTRO.-
¡
Eironeia!
Su Excelencia se hunde en una poltrona, ante la chimenea que aventa sobre la alfombra
una claridad tr
é
mula. Enciende un cigarro con sortija y pide
La Gaceta.
Cab
á
lgase los
lentes, le pasa la vista, se hace un gorro
y
se duerme.
ESCENA NOVENA
Un Caf
é
que prolongan empa
ñ
ados espejos. Mesas de m
á
rmol. Divanes rojos. El
mostrador en el fondo, y detr
á
s un vejete rubiales, destacado el busto sobre la diversa
botiller
í
a. El Caf
é
tiene piano y viol
í
n. Las sombras y la m
ú
sica flotan en el vaho de
humo y en el l
í
vido temblor de los arcos voltaicos. Los espejos multiplicadores est
á
n
llenos de un inter
é
s folletinesco, en su fondo, con una geometr
í
a absurda, extravaga el
Caf
é
. El comp
á
s canalla de la m
ú
sica, las luces en el fondo de los espejos, el vaho de