LA LUNARES.-
¿
Cu
á
la?
¿
Dejar que te comas el pan de higos?
¡
No me pareces
bastante flamenco!
¡
Qu
é
mano tienes! No me palpes m
á
s la cara. P
á
lpame el cuerpo.
MAX.-
¿
Eres pelinegra?
LA LUNARES.-
¡
Lo soy!
MAX.-
Hueles a nardos.
LA LUNARES.-
Porque los he vendido.
MAX.-
¿
C
ó
mo tienes los ojos?
LA LUNARES.-
¿
No lo adivinas?
MAX.-
¿
Verdes?
LA LUNARES.- Como la Pastora Imperio. Toda yo parezco una gitana.
De la oscuridad surge la brasa de un cigarro y la tos asm
á
tica de
DON LATINO..
Remotamente, sobre el asfalto sonoro, se acompasa el trote de una patrulla de
Caballer
í
a. Los focos de un auto. El farol de un sereno. El quicio de una verja. Una
sombra clandestina. El rostro de albayalde de otra vieja peripat
é
tica. Diferentes
sombras.
ESCENA UND
É
CIMA
Una calle del Madrid austriaco. Las tapias de un convento. Un cas
ó
n de nobles. Las
luces de una taberna. Un grupo consternado de vecinas, en la acera. Una mujer,
despechugada y ronca, tiene en los brazos a su ni
ñ
o muerto, la sien traspasada por el
agujero de una bala. MAX ESTRELLA
DON LATINO.-
hacen un alto.
MAX.- Tambi
é
n aqu
í
se pisan cristales rotos.
DON LATINO.-
¡
La zurra ha sido buena!
MAX.-
¡
Canallas ... !
¡
Todos ... !
¡
Y los primeros nosotros, los poetas!
DON LATINO.-
¡
Se vive de milagro!
LA MADRE DEL NI
Ñ
O.-
¡
Maricas, cobardes!
¡
El fuego del Infierno os abrase las
negras entra
ñ
as!
¡
Maricas, cobardes!
MAX.- ,Qu
é
sucede, Latino?
¿
Qui
é
n llora?
¿
Qui
é
n grita con tal rabia?