DON LATINO.- Una verdulera, que tiene a su chico muerto en los brazos.
MAX.-
¡
Me ha estremecido esa voz tr
á
gica!
LA MADRE DEL NI
Ñ
O.-
¡
Sicarios!
¡
Asesinos de criaturas!
EL EMPE
Ñ
ISTA.- Est
á
con alg
ú
n trastorno y no mide palabras.
EL GUARDIA.- La autoridad tambi
é
n se hace el cargo.
EL TABERNERO.- Son desgracias inevitables para el restablecimiento del orden.
EL EMPE
Ñ
ISTA.- Las turbas an
á
rquicas me han destrozado el escaparate.
LA PORTERA.-
¿
C
ó
mo no anduvo usted m
á
s vivo en echar los cierres?
EL EMPE
Ñ
ISTA.- Me tom
ó
el tumulto fuera de casa. Supongo que se acordar
á
el pago
de da
ñ
os a la propiedad privada.
EL TABERNERO.- El pueblo que roba en los establecimientos p
ú
blicos, donde se le
abastece, es un pueblo sin ideales patrios.
LA MADRE DEL NI
Ñ
O.-
¡
Verdugos del hijo de mis entra
ñ
as!
UN ALBA
Ñ
IL.- El pueblo tiene hambre.
EL EMPE
Ñí
STA.- Y mucha soberbia.
LA MADRE DEL NI
Ñ
O.-
¡
Maricas, cobardes!
UNA VIEJA.-
¡
Ten prudencia, Romualda!
LA MADRE DEL NI
Ñ
O.-
¡
Que me maten como a este rosal de Mayo!
LA TRAPERA.-
¡
Un inocente sin culpa!
¡
Hay que considerarlo!
EL TABERNERO.- Siempre saldr
é
is diciendo que no hubo los toques de Ordenanza.
EL RETIRADO.- Yo los he o
í
do.
LA MADRE DEL NI
Ñ
O.-
¡
Mentira!
EL RETIRADO.-
Mi
palabra es sagrada.
EL EMPE
Ñ
ISTA.- El dolor te enloquece, Romualda.
LA MADRE DEL NI
Ñ
O.-
¡
Asesinos!
¡
Veros es ver al verdugo!
EL RETIRADO.- El Principio de Autoridad es inexorable.