LA VECINA.- Se
ñá
Flora!
LA PORTERA.- Ahora salgo.
¿
Qui
é
n es?
LA VECINA.-
¡
Est
á
usted mannota!
¿
Qui
é
n ser
á
?
¡
La Cuca, que se camina al lavadero!
LA PORTERA.-
¡
Ay, qu
é
centellas de mixtos!
¿
Son horas?
LA VECINA.-
¡
Son horas y pasan de serlo!
Se oye el paso cansino de una mujer en chanclas. Sigue el murmullo de las voces.
Rechina la cerradura,
Y
aparecen en el hueco de la puerta dos mujeres: La una
canosa, viva y agalgada, con un saco de ropa cargado sobre la cadera. La otra jamona,
refajo colorado, pa
ñ
uelo ping
ó
n sobre los hombros, gre
ñ
as y chancletas. El cuerpo del
bohemio resbala y queda acostado sobre el umbral, al abrirse la puerta.
LA VECINA.-
¡
Sant
í
simo Cristo, un hombre muerto!
LA PORTERA.- Es Don MAX.- el poeta, que la ha pescado.
LA VECINA.-
¡
Est
á
del color de la cera!
LA PORTERA.- Cuca, por tu alma, qu
é
date a la mira un instante, mientras subo el
aviso a Madama Collet.
LA PORTERA
sube la escalera chancleando: Se la oye renegar.
LA CUCA,
Vi
é
ndose
sola, con aire medroso, toca las manos del bohemio y luego se inclina a mirarle los
ojos entreabiertos bajo la frente l
í
vida.
LA VECINA.-
¡
Sant
í
simo Se
ñ
or!
¡
Esto no lo dimana la bebida!
¡
La muerte talmente
representa!
¡
Se
ñá
Hora!
¡
Se
ñá
Flora!
¡
Que no puedo demorarme!
í
Ya se me vol
ó
un
cuarto de d
í
a!
¡
Que se queda esto a la vindicta p
ú
blica, se
ñá
Flora!
¡
Propia la muerte!
ESCENA DECIMATERCIA
Velorio en un sotabanco.
MADAMA COLLET y CLAUDINITA,
desgre
ñ
adas y
macilentas, lloran al muerto, ya tendido en la angostura de la caja, amortajado con una
s
á
bana, entre cuatro velas. Astillando una tabla, el brillo de un clavo aguza su punta
sobre la sien inerme. U caja, embetunada de luto por fuera, y por dentro de tablas de
pino sin labrar ni pintar, tiene una s
ó
rdida esterilla que amarillea. Est
á
posada sobre
las baldosas, de esquina a esquina, y las dos mujeres, que lloran en los
á
ngulos, tienen
en las manos cruzadas el reflejo de las velas.
DORIO DE GADEX, CLARINITO y
P
É
REZ,
arrimados a la pared, son tres f
ú
nebres fantoches en hilera. Repentinamente,
entrometi
é
ndose en el duelo, cloquea un rajado repique, la campanilla de la escalera.
DORIO DE GADEX.- A las cuatro viene la funeraria.
CLARINITO.- No puede ser esa hora.
DORIO DE GADEX.-
¿
Usted no tendr
á
reloj, Madama Collet?