y me ha vencido en esto como en todo!
¡
Cu
á
ntas veces cruzamos la misma apuesta!
¿
Te
acuerdas, hermano?
¡
Te has muerto de hambre, corno yo voy a morir, como moriremos
todos los espa
ñ
oles dignos!
¡
Te hab
í
an cerrado todas las puertas, y te has vengado
muri
é
ndote de hambre!
¡
Bien hecho!
¡
Que caiga esa verg
ü
enza sobre los cabrones de la
Academia!
¡
En Espa
ñ
a es un delito el talento!
DON LATINO
se dobla y besa la frente del muerto. El perrillo, a los pies de la caja,
entre el reflejo inquietante de las velas, agita el mu
ñó
n del rabo.
MADAMA COLLET
levanta la cabeza con un gesto doloroso dirigido a los tres fantoches en hilera.
MADAMA COLLET.-
¡
Por Dios, ll
é
venselo ustedes al pasillo!
DORIO DE GADEX.- Habr
á
que darle amoniaco.
¡
La trae de alivio!
CLAUDINITA.-
¡
Pues que la duerma!
¡
Le tengo una hincha!
DON LATINO.-
¡
Claudinita!
¡
Flor temprana!
CLAUDINITA.-
¡
Si pap
á
no sale ayer tarde, est
á
vivo!
DON LATINO.-
¡
Claudinita, me acusas injustamente!
¡
Est
á
s ofuscada por el dolor!
CLAUDINITA.-
¡
Golfo!
¡
Siempre estorbando!
DON LATINO.-
¡
Yo s
é
que t
ú
me quieres!
DORIO DE GADEX.- Vamos a darnos unas vueltas en el corredor, Don Latino.
DON LATINO.-
¡
Vamos!
¡
Esta escena es demasiado dolorosa!
DORIO DE GADEX.- Pues no la prolonguemos.
DORIO DE GADEX
empuja al encurdado vejete y le va llevando hacia la puerta. El
perrillo salta por encima de la caja .v los sigue, dejando en el salto torcida una vela.
En la fila de fantoches pegados a la pared queda un hueco lleno de sugestiones.
DON LATINO.- Te convido a unas
tintas.
¿
Qu
é
dices?
DORIO DE GADEX.- Ya sabe usted que soy un hombre complaciente, Don Latino.
Desaparecen en la rojiza penumbra del corredor, largo y triste, con el gato al pie del
botijo y el reflejo almagre
ñ
o de los baldosines.
CLAUDINITA
los ve salir encendidos
de ira los ojos. Despu
é
s se hinca a llorar con una crisis nerviosa y muerde el pa
ñ
uelo
que estruja entre las manos.
CLAUDINITA.-
¡
Me crispa!
¡
No puedo verlo!
¡
Ese hombre es el asesino de pap
á
!
MADAMA COLLET.-
¡
Por Dios, hija, no digas demencias!
CLAUDINITA.- El
ú
nico asesino.
¡
Le aborrezco!