MADAMA COLLET.- Era fatal que llegase este momento, y sabes que lo
esper
á
bamos... Le mat
ó
la tristeza de verse ciego... No pod
í
a trabajar y descansa.
CLARINITO.- Ver
á
usted c
ó
mo ahora todos reconocen su talento.
P
É
REZ.- Ya no proyecta sombra.
MADAMA COLLET.- Sin el aplauso de ustedes, los j
ó
venes que luchan pasando mil
miserias, hubiera estado solo estos
ú
ltimos tiempos.
CLAUDINITA.-
¡
M
á
s solo que estaba!
P
É
REZ.- El Maestro era un rebelde como nosotros.
MADAMA COLLET.-
¡
Max , pobre amigo, t
ú
solo te mataste!
¡
T
ú
, solamente, sin
acordar de estas pobres mujeres!
¡
Y toda la vida has trabajado para matarte!
CLAUDINITA.-
¡
Pap
á
era muy bueno!
MADAMA COLLET.-
¡
S
ó
lo fue malo para s
í
!
Aparece en la puerta un hombre alto, abotonado, escueto, grandes barbas rojas de
jud
í
o anarquista y ojos envidiosos, bajo el testuz de bisonte obstinado. Es un frip
ó
n
periodista alem
á
n, fichado en los registros policiacos como anarquista ruso y conocido
por el f
á
lso nombre de BASILIO SOULINAKE.
BASILIO SOULINAKE.-
¡
Paz a todos!
MADAMA COLLET.-
¡
Perdone usted, Basilio!
¡
No tenemos siquiera una silla que
ofrecerle!
BASILIO SOULINAKE.-
¡
Oh! No se preocupe usted de mi persona. De ninguna
manera. No lo consiento, Madama Collet. Y me dispense usted a m
í
si llego con alg
ú
n
retraso, como la guardia valona, que dicen ustedes siempre los espa
ñ
oles. En la taberna
donde comemos algunos emigrados eslavos, acabo de tener la referencia de que hab
í
a
muerto mi amigo M
á
ximo Estrella. Me ha dado el peri
ó
dico el chico de Pica Lagartos.
¿
La muerte vino de improviso?
MADAMA COLLET.-
¡
Un colapso! No se cuidaba.
BASILIO SOULINAKE.- ,Qui
é
n certific
ó
la defunci
ó
n? En Espa
ñ
a son muy buenos los
m
é
dicos, y como los mejores de otros pa
í
ses. Sin embargo, una autoridad
completamente mundial les falta a los espa
ñ
oles. No es como sucede en Alemania. Yo
tengo estudiado durante diez a
ñ
os medicina, y no soy doctor. Mi primera impresi
ó
n al
entrar aqu
í
ha sido la de hallarme en presencia de un hombre dormido, nunca de un
muerto. Y en esa primera impresi
ó
n me empecino, como dicen los espa
ñ
oles. Madama
Collet, tiene usted una gran responsabilidad.
¡
Mi amigo MAX.- Estrella no est
á
muerto! Presenta todos los caracteres de un interesante caso de catalepsia.