El buen Kennedy empezaba a emocionarse, y sin embargo, el espectáculo evocado le
producía vértigo. Contemplaba a Samuel con admiración, pero también con miedo; le parecía
que estaba ya balanceándose en el espacio.
-Veamos -dijo-. Reflexionemos un poco, amigo Samuel. ¿Has hallado pues, el medio de
dirigir los globos?
-Por supuesto que no. Es una utopía.
-Entonces, irás...
-A donde quiera la Providencia; pero será del este al oeste.
-¿Por qué?
-Porque cuento con valerme de los vientos alisios, cuya dirección es constante.
-¡Es verdad! -exclamó Kennedy, reflexionando-. Los vientos alisios... Seguramente... En
rigor, se puede... Algo hay...
-¡Si hay algo! No, amigo mío, hay más que algo. El Gobierno inglés ha puesto un transporte
a mi disposición, y está también resuelto que crucen tres o cuatro buques por la costa
occidental hacia la época presunta de mi llegada. Dentro de tres meses, todo lo más, me hallaré
en Zanzibar, donde hincharé mi globo, y desde allí nos lanzaremos...
-¿Nos lanzaremos? -exclamó Dick.
-¿Te atreverás a hacerme aún alguna nueva objeción? Habla, amigo Kennedy.
-¡Una objeción! Se me ocurren más de mil; pero entre otras, dime: si tienes previsto conocer
el país, si tienes previsto subir y bajar a tu albedrío, no lo podrás hacer sin perder gas; hasta
ahora no se ha podido proceder de otra manera, lo que ha impedido siempre las largas
peregrinaciones por la atmósfera.
-Querido Dick, sólo te diré una cosa: yo no perderé ni un átomo de gas, ni una molécula.
-¿Y bajarás cuando quieras?
-Cuando quiera.
-¿Cómo?
-El cómo es mi secreto, amigo Dick. Ten confianza, y que mi divisa sea la tuya:
¡Excelsior!
-Pues bien,
¡Excelsior!
-respondió el cazador, que no sabía una palabra de latín.
Sin embargo, estaba decidido a oponerse por todos los medios posibles a la partida de su
amigo. De momento fingió adherirse a su parecer y se contentó con observar. En cuanto a
Samuel, fue a activar sus preparativos.
IV
Exploraciones africanas. - Barth, Richardson,
Overweg, Werne, Brun-Rollet, Peney, Andrea
Debono, Miani, Guillaume Lejean, Bruce, Krapf y
Rebmann, Maizan, Roscher, Burton y Speke
La línea aérea que el doctor Fergusson se proponía seguir no había sido escogida al azar; su
punto de partida fue cuidadosamente estudiado, y no sin razón el explorador resolvió verificar
la ascensión desde la isla de Zanzíbar. Esta isla, situada cerca de la costa oriental de áfrica, se
encuentra a 60 de latitud austral, es decir, cuatrocientas treinta millas geográficas debajo del
ecuador.
De aquella isla acababa de partir la última expedición enviada por los Grandes Lagos en
busca del nacimiento del Nilo.