Librodot
La isla misteriosa
Julio Verne
Harbert comprendió entonces el procedimiento que iba a emplear el
ingeniero para averiguar la culminación del sol, es decir, su paso por el
meridiano de la isla o, en otros términos, el mediodía del lugar. Se
valdría de la sombra proyectada sobre la arena por la vara plantada en
ella; medio que, a falta de instrumento, le daría una aproximación
conveniente para el resultado que quería obtener.
En efecto, cuando aquella sombra llegase al mínimun de su longitud,
sería el mediodía preciso, y bastaría seguir el extremo de aquella sombra
para reconocer el instante en que, después de haber disminuido
sucesivamente, comenzara a prolongarse. Inclinando la vara del lado
opuesto al sol, Ciro Smith alargaba la sombra, y por consiguiente, sus
modificaciones serían más fáciles de observar. En efecto, cuanto mayor
es la aguja de un cuadrante, mejor puede seguirse el movimiento de su
punta. La sombra de la vara no era, en efecto, más que la aguja de un
cuadrante.
Cuando creyó llegado el momento, Smith se arrodilló sobre la arena, y
por medio de jalones de madera que fijaba en ella, comenzó a apuntar la
disminución sucesiva de la sombra de la varita. Sus compañeros,
inclinados sobre él, seguían la operación con gran interés.
El corresponsal tenía su cronómetro en la mano, pronto a decir la
hora que marcase, cuando la sombra llegase al mínimun de longitud.
Además, como Ciro Smith operaba el 16 de abril, día en el cual se
confunden el tiempo medio y el tiempo verdadero, la hora dada por
Gedeón Spilett sería la hora verdadera de Washington en aquel
momento, lo cual simplificaría el cálculo.
El sol se inclinaba lentamente; la sombra de la vara iba disminuyendo
poco a poco y, cuando pareció a Ciro Smith que comenzaba a aumentar,
preguntó: -¿Qué hora es?
-Las cinco y un minuto -contestó inmediatamente Spilett.
No había más que anotar con números la operación, cosa facilísima,
como se ve: había cinco horas de diferencia, en números re4ondos, entre
Washington y la isla de Lincoln, es decir, que eran las doce en punto en
la isla de Lincoln cuando eran las cinco de la tarde en Washington.
Ahora bien, el sol, en su movimiento aparente alrededor de la tierra,
recorre un grado cada cuatro minutos, o sea quince grados por hora;
quince grados multiplicados por cinco horas daban 75 grados.
Así, pues, estando Washington a los 77° 3' 11” o digamos a los 77° del
meridiano de Greenwich, que los norteamericanos, lo mismo que los
ingleses, toman por punto de partida de las longitudes, se concluía que
la isla estaba situada a los 77° más 750 al oeste del meridiano de
Greenwich, es decir, hacia los 152° de longitud oeste.
Ciro Smith anunció este resultado a sus compañeros y, teniendo en
cuenta los errores de observación como los había tenido respecto de la
latitud, creyó poder afirmar que la isla de Lincoln debía estar entre el
grado 35 y el 37 de latitud y el 150 y 155 de longitud oeste del meridiano
de Greenwich.