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Comentario
A eso de la una de la madrugada regresó a su gabinete de trabajo, despidió al criado
que había encendido las velas. Y sentándose en una butaca junto al fuego, cubrióse el
rostro con ambas manos
Nunca había sentido tal desfallecimiento físico y moral. Había pasado la velada con
amables damas e inteligentes caballeros. Muchas de aquellas damas eran bonitas; la
mayor parte de los caballeros distinguíanse por el talento y el ingenio; él mismo se había
mostrado en la conversación interlocutor agradable y hasta brillante... y a pesar de todo
eso, nunca se había encontrado tan irresistiblemente acometido y opreso por aquel
taedium vitae de que hablaban ya los antiguos romanos...
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