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Comentario
El feto apareció envuelto en trapos sucios y manchados de sangre. El Capitán ordenó
que se lo dieran a los chanchos. Varios días después, ante la sorpresa general, vino el
Jorobadito con la noticia de que el feto vivía y tenía los ojos abiertos. Herminia, la
chancha más feroz, hirsuta y grosera, la menos sospechable de instinto maternal, lo
defendió de nosotros con dientes y uñas. De algún modo se las había ingeniado para
hacerlo vivir y ahora quería retenerlo. Se lo dejamos, no sin que antes el Jorobadito
perdiera la mano derecha. Lo curamos como pudimos, porque allí no había médicos, y
él juró vengarse
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