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Comentario
Bajo un pálido cielo de abril, con un leve viento que disipaba el recuerdo invernal, el anciano entró en el
parque casi vacío a mediodía. Sus lentos pies estaban envueltos en vendas manchadas de nicotina, y tenía
los cabellos enmarañados, largos y grises, lo mismo que su barba, rodeando una boca que parecía temblar
continuamente llena de revelaciones
El anciano miró hacia atrás como si hubiera perdido más cosas de las que podía empezar a recordar
allí, en el montón de ruinas, ante la desdentada silueta de la ciudad. Al no encontrar nada, siguió
arrastrando los pies hasta que localizó un banco ocupado por una mujer solitaria. La contempló, asintió
con la cabeza, se sentó al otro extremo del banco y no volvió a mirarla
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