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Comentario
El enorme sol carmesí brillaba en el cielo violeta. En el limite de la planicie marrón,
salpicada de arbustos marrones, se extendía la selva roja.
McGarry avanzó hacia ella dando zancadas. Explorar esas selvas rojas constituía una
tarea ardua y peligrosa, pero era preciso hacerla. Había explorado un millar de selvas;
ésta era, simplemente, una más.
Dijo:
- En marcha, Dorothy. ¿Todo listo?
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