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Comentario
Uno de los más firmes seguidores de Stevenson es precisamente un escritor que no tiene nada de popular:
Henry James. Con este escritor, que no sabemos si llamar americano, inglés o europeo, el género fantástico
del siglo XIX tiene su última encarnación -o, mejor dicho, desencarnación; ya que se hace más invisible e
impalpable que nunca: una emanación o vibración psicológica. Es necesario considerar el ambiente
intelectual del que nace la obra de Henry James, y particularmente las teorías de su hermano, el filósofo
William James, sobre la realidad psíquica de la experiencia: podemos decir que a finales de siglo el cuento
fantástico vuelve a ser cuento filosófico como a principios de siglo.
Los fantasmas de las ghost stories de Henry James son muy evasivos: pueden ser encarnaciones del mal sin
rostro o sin forma, como los diabólicos servidores de La vuelta de tuerca, o apariciones bien visibles que dan
forma sensible a un pensamiento dominante, como Sir Edmund Orme, o mixtificaciones que desencadenan la
verdadera presencia de lo sobrenatural, como en El alquiler del fantasma. En uno de los cuentos más
sugestivos y emocionantes, The Jolly Corner, el fantasma apenas entrevisto por el protagonista es el mismo que
él habría sido si su vida hubiese tomado otro camino; en La vida privada hay un hombre que sólo existe
cuando otros lo miran, en caso contrario se disipa, y otro que, sin embargo, existe dos veces, porque tiene un
doble que escribe los libros que él no sabría escribir. (Italo Calvino)
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