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Comentario
metrio abrió el estuche y retrocedió maravillado: allí estaba él, los brazos pegados al cuerpo, en la
más completa desnudez e inmovilidad. Si la posición erguida no fuese la menos apropiada para un
durmiente, lo habría despertado; tan naturales parecían el color de la piel, las arrugas que empezaban a
esbozarse alrededor de los ojos, los labios delgados y la despejada frente. El pelo liso, peinado
cuidadosamente, como el de su doble humano.
Cogió la caja de control y, guiándose por el catálogo, puso en marcha al títere. Caminaba con soltura y
naturalidad, sin los movimientos grotescos que caracterizaban a los autómatas del pasado, como si
poseyese huesos, músculos, nervios y los demás órganos de un ser natural. Demetrio lo hizo practicar los
actos elementales: sentarse, vestirse, encender un cigarrillo, rascarse una oreja. Si los propietarios de los
títeres quieren disfrutar de ellos
?
decía el manual de instrucciones
?
, necesitan estudiarse
concienzudamente a sí mismos, por lo menos en cuanto a su mímica, gestos, manera de andar, etc.
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