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Comentario
ALTO ABISMO
Gregory Benford
No había sabor más dulce que el de la batalla ganada, reflexionó Lambda.
Abajo, las tropas se arremolinaban y bramaban, con los cuerpos fornidos
atravesados de lado a lado por halos de celebración: gotas color oro quemado, azules
penetrantes y calientes. Habían matado legiones de Doctrinarios en una aterradora
masacre.
Ahora defendían su posición en las sierras formando filas compactas, un muro
viviente que le hacía frente al pasado moribundo. El triste velo de la historia ya estaba
cerrándose sobre los Doctrinarios, pensó Lambda, mientras los observaba emprender
la retirada, desbaratadas sus filas, por la llanura colmada de cicatrices. Pero el Mundo
Madre seguía funcionando, indiferente a las iras mezquinas que surgieran en su
superficie. La irradiación penetró en los extendidos pies disco de Lambda. Durante un
pacífico momento, se relajó, desparramando las mullidas plantas para absorber nuevas
energías de la Madre. Lambda había agotado gran parte de sus reservas eléctricas y
necesitaba reaprovisionarse. Con un hormigueo, las voluptuosas oleadas ascendieron
por sus piernas huesudas.
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