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Comentario
Todavía la tengo, esa extraña pieza de metal en forma de flor, mostrando las marcas de
la marea en su parte superior y en su fondo el poso de arena y gravilla. Se adapta
fácilmente a la palma de mi mano y puedo rodearla con los dedos; y tantas veces ha
ocurrido así que los bordes están suaves y pulidos ahora... suaves contra la línea
blanquecina de la cicatriz de la herida producida donde un agudo borde brillante y aún
caliente me tocó, cuando la recogí, increíblemente, de donde había caído, fundida,
desde la inclinada pared al suelo arenoso del cañón, más allá de Margin. Es un
recuerdo, y cuando ahora la tomo en mi mano, mirando sin ver los múltiples tejados del
Margin de hoy, me recuerda vívidamente al Margin de ayer... e incluso acuden a mi
mente recuerdos anteriores a Margin
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