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Comentario
Capítulo primero
Temblaba todavía cuando llegué a la oficina de Chambord diez minutos después.
Ramona, la preciosa chica nativa que servía de barrera entre Chambord y el mundo
exterior, se llevó una mano a la boca cuando me vio.
—¡Madre de Dios! — exclamó, abriendo unos ojos enormes. Luego se persignó
rápidamente. Parecía que hubiese visto un fantasma.
Y, en realidad, acababa de ver un fantasma.
Chambord levantó la vista de su mesa cuando abrí la puerta sin llamar. Detrás suyo, en
la pared, había un gigantesco mapa de la nebulosa Andrómeda— uno de la famosa serie
tomada desde el Observatorio Lunar —, de forma que cuando estaba sentado erguido
formaba como un halo en torno a su persona. Creo que lo había puesto allí sólo con este
propósito.
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