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Comentario
Todas las tradiciones religiosas han dado comienzo a sus relatos con
imágenes de la creación del hombre por el Dios de esa religión, como si la
pregunta fundamental ¿de dónde venimos? fuera el aval legítimo de las
creencias de ese pueblo.
Sin exclusión, las culturas del mundo antiguo y moderno, en todos los
continentes, comienzan por la creación del universo y del hombre. También
Tolkien, el mitólogo ingles de nuestro tiempo con extraordinaria popularidad,
traducido a todos los idiomas, y que tanta afinidad presenta con los escritos del
Maestro Santiago, comienza su Silmarilion con la creación de la Tierra, los
trabajos de los Dioses, y el nacimiento, primero de los elfos, y luego de los
hombres.
¿Cuál es la fuente de información del autor de la Antropogénesis que
presentamos, tan sorprendente y audaz? La misma de los clarividentes que han
incursionado en este tema: los Anales Akásicos del Séptimo Plano Mental, y
que en otra parte de esta colección se explica. Además, las tradiciones y
mitologías de las antiguas religiones que las han conservado escritas. En esta
obra se tratan las primeras cuatro razas humanas, con sus nombres
tradicionales: Uraniana, del Continente Antártico; Hiperbórea, de la actual
Groenlandia; Lemuriana, en el Pacífico, y Atlante, en medio del Océano
Atlántico. Terminan las Enseñanzas con la presentación del Manú Vaisvasvata,
fundador de la Raza Aria.
Si queremos comprender un libro cualquiera debemos leerlo en el contexto
que fue escrito; en este caso, bajo normas y significados esotéricos. A las
ciencias físicas actuales sólo se la comprende con el lenguaje matemático. Los
primeros capítulos de la Biblia son incomprensibles si no se conocen los
símbolos con que fueron escritos. Para la Antropogénesis de Bovisio, lo mejor
es leerlo tal cual está, con llaneza, sin extrapolarlo con referencias extrañas. Lo
mejor, es enriquecer la lectura con otras Enseñanzas afines del mismo autor.
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