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Comentario
Ella estaba asustada, terriblemente asustada, desde que su padre la concediera en
matrimonio al extraño hombre de la barba de color encendido.
¡Había algo tan siniestro en él, en su gran fuerza, en sus ojos aguileños, en el modo
como la miraba...! Además corría el rumor - sólo un rumor, por supuesto - de que tuvo
otras esposas y que nadie sabía lo que les había ocurrido. Y también el extraño asunto
del cuarto al que le prohibió entrar, y ni siquiera sólo asomarse al interior.
Hasta hoy lo había obedecido especialmente después de intentar abrir la habitación y
encontrarla cerrada con llave.
Pero ahora está de pie enfrente de la puerta, con la llave, o con lo que creía era la llave,
en su mano. Era una llave que había encontrado, apenas una hora antes, en el
escritorio de su esposo; sin duda se deslizó de uno de sus bolsillos, y parecía del
tamaño justo para el agujero de la cerradura de la puerta del cuarto prohibido.
Ella probó y resultó la llave adecuada; la puerta se abrió. Al otro lado, sin embargo, no
estaba lo que temía hallar. Pero en cambió encontró algo más sorprendente: un equipo
electrónico tremendamente complicado.
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