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Comentario
Pies, pies de todas clases, formas y tamaños. Todo un arcón de pie de cama lleno de
pies. Había pies que parecían botas de soldado de las que suministraba el Gobierno: pies
que tenían aspecto de zapatos deportivos y otros que parecían babuchas de acero
inoxidable. Hasta había pies que tenían aspecto de proceder de toda clase de animales
repulsivos como el jodido castor y el pájaro-regurgitador. Incluso había uno que se
parecía al de una robo-mula oxidada, sólo por una cuestión sentimental. Había pies
parecidos a coches deportivos, a naves espaciales y a algunos de los personajes de
holodibujos animados preferidos de Bill. El arcón de pie de cama era realmente un arcón
de pies, porque contenía todos los tipos de píe en los que uno pudiera pensar, y algunos
en los que uno no podía; de todo, menos pies reales. Eran todos artificiales. Pies de Bill.
Los píes habían sido durante mucho tiempo un problema para Bill, desde aquel fatídico
momento en que se encontró en Venena, el planeta de la muerte, y tuvo que volarse un
pie de un disparo para conseguir marcharse de allí. En aquella guerra de hombres había
siempre escasez de pies de repuesto. Durante todo ese tiempo, se había visto obligado a
compartir su vida con un pie de elefante, uno de sátiro, un pie anímico... más de los que
podía recordar. Ahora tenía aún más pies que ésos, y todos a la vez. Ya había renunciado
incluso a intentar conseguir un auténtico pie humano de repuesto: ahora asomaba un
brillante perno de su tobillo truncado.
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