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Comentario
Bill no se dio nunca cuenta de que el sexo fue la causa de todo. Si aquella
mañana el sol no hubiera estado quemando tanto en el luminoso cielo de
Phigerinadon II, y si no hubiera entrevisto el amplio y níveo posterior de Inga-
María Calyphigia mientras se bañaba en el arroyo, hubiera prestado más atención
al arado que a las apremiantes presiones de la heterosexualidad, y hubiera
seguido su curso hasta el otro lado de la colina antes de que sonase la seductora
música a lo largo del camino. Quizá nunca la hubiera oído, y su vida hubiera sido
muy, muy diferente. Pero la oyó, y dejó caer el manillar del arado conectado a la
robomula, y se dio la vuelta y abrió la boca
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