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Comentario
Desde la ventana del séptimo piso de un hotel de la
calle Gorki, de Moscú, durante varios años, veía todos
los días el monumento a Alejandro Pushkin en la plaza
de su nombre, envuelto en cielos jubilosos o nubes de
tormenta.
¡Cuántas ideas y sensaciones me sugería su altiva
figura de bronce pensativo, rodeada del respeto y del
amor de los nuevos hombres rusos!
Pero un monumento no es siempre la acabada
expresión del auténtico amor del pueblo. Tal vez un
breve telegrama de esta última guerra revele, mejor que
todo comentario, hasta qué punto defienden y aman en
su país a este genial poeta, parte viva del cuerpo
inmortal de Rusia
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| Autor : Pushkin Alexander |
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