 |
|
Comentario
Tienes que volver al Refugio. ¡Por favor, no te retrases ni una hora! He descubierto un
cuarto camino hacia las zonas más profundas del bosque. El arroyo. Qué obvio parece
ahora... ¡un camino de agua! Pasa directamente a través del vórtice exterior de fresnos,
más allá del sendero espiral y de las Cataratas de Piedra. Creo que nos servirá para
llegar al mismo corazón del bosque. ¡Pero el tiempo, siempre el factor tiempo...!
He encontrado un pueblo llamado los shamiga. Viven más allá de las Cataratas de
Piedra. Vigilan los vados del río, pero descubrí con gran satisfacción que les encanta
contar historias. Ellos lo llaman «narrar la vida». La narradora de la vida es una jovencita
que se pinta la cara de verde y cuenta las historias con los ojos cerrados, para que las
sonrisas o gestos desaprobadores de los que escuchan no la hagan «cambiar de forma»
a los personajes de la historia. La escuché durante mucho tiempo, pero lo más importante
que oí fue un fragmento que sólo puede pertenecer a la historia de Guiwenneth. Era una
versión precéltica del mito, pero estoy seguro de que se refiere a la chica. Esto es lo que
conseguí entender:
«Una tarde, tras matar a un ciervo con astas de ocho puntas, a un jabalí más alto que
dos hombres, y corregir los malos modales de cuatro pueblos, Mogoch, un jefe, se sentó
junto a la orilla para descansar. Era de constitución tan gigantesca, que las nubes casi le
tapaban la cabeza. Metió los pies en el mar, junto a la base de los acantilados, para
refrescarse. Luego se reclinó hacia atrás y observó la reunión que tenía lugar entre dos
hermanas sobre su fertilidad.
| |