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Comentario
PRELUDIO
La multitud que se agolpaba frente a la Casa Blanca era tan ruidosa como lo han sido
siempre todas las multitudes. Se echaba de menos un peculiar tono agudo entre aquellos
múltiples sonidos, porque los niños se habían quedado en casa al cuidado de sus
hermanos y hermanas mayores todavía impúberes. No resultaba adecuado que vieran lo
que iba a suceder aquella noche. Aquella noche iba a realizarse uno de los más sagrados
ritos de la Gran Madre Blanca. Los pequeños no lo entenderían.
Al principio, pero de eso hacía ya varios siglos (corría el año 2860, Viejo Estilo), habían
llevado a los niños para que asistieran y muchos de ellos murieron en medio de aquel
frenesí. Fueron literalmente despedazados.
Ya era suficientemente malo para los adultos. Siempre había mujeres que eran
horriblemente apaleadas y algunas encontraban allí la muerte. Y siempre había hombres
que eran asaltados por una multitud de mujeres provistas de largas uñas y afilados
dientes, que les arrancaban de cuajo aquello que hace a los hombres hombres, y que
después corrían gritando por las calles a depositar sus trofeos en el altar de la Gran
Madre Blanca
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