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Comentario
Hay mucho que contarles, tanto que es difícil saber por dónde empezar.
Afortunadamente, he olvidado la mayor parte de las cosas que me han sucedido.
Afortunadamente, la mente tiene una capacidad limitada para recordar. Sería horrible si
recordara los detalles de ciento ochenta mil años, los detalles de las cuatro mil vidas
enteras que he vivido desde la primera guerra atómica.
Sin embargo no he olvidado los momentos realmente importantes. Recuerdo que formé
parte de la primera expedición que aterrizó en Marte y de la tercera que aterrizó en
Venus. Recuerdo - creo que fue durante la tercera gran guerra - la explosión de Skora
en el cielo debida a una fuerza tan superior a la fisión nuclear como una nova a nuestro
sol moribundo. Yo era el segundo al mando en una astronave Clase Hiper-A durante la
guerra contra los segundos invasores extragalácticos, los que establecieron bases en
las lunas de Júpiter sin que nosotros advirtiéramos su presencia y casi nos expulsaron
del sistema solar antes de que descubriéramos la única arma eficaz en su contra.
Entonces huyeron adonde nosotros no pudiéramos seguirlos, fuera de la galaxia.
Cuando lo hicimos, unos quince mil años después, habían desaparecido. Hacía unos
tres mil años que estaban muertos
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