 |
|
Comentario
Anoche supe que existías: una gota de vida que se escapó de la nada. Yo estaba con los ojos
abiertos de par en par en la oscuridad y, de pronto, en esa oscuridad, se encendió un relámpago de
certeza: sí, ahí estabas. Existías. Fue como sentir en el pecho un disparo de fusil. Se me detuvo el
corazón. Y cuando reanudó su latido con sordos retumbos, cañonazos de asombro, me di cuenta de que
estaba cayendo en un pozo donde todo era inseguro y terrorífico. Ahora me hallo aquí, encerrada bajo
llave en un miedo que me empapa el rostro, los cabellos y los pensamientos. Y en este miedo me pierdo.
Trata de comprender: no es miedo a los demás, que no me preocupan. No es miedo a Dios, en quien no
creo, ni al dolor, que no temo. Es miedo de ti, del azar que te ha arrancado de la nada para adherirte a mi
vientre. Nunca he estado preparada para recibirte, aunque te he deseado mucho. Siempre me he
planteado esta atroz pregunta: ¿y si no te gustara nacer? ...
|
|