 |
|
Comentario
Charon se inclinó hacia delante y remó. Todas las cosas eran una con su cansancio.
Para él no era una cosa de años o de siglos, sino de ilimitados flujos de tiempo, y una
antigua pesadez y un dolor en los brazos que se habían convertido en parte de un
esquema creado por los dioses y en un pedazo de Eternidad.
Si los dioses le hubieran mandado siquiera un viento contrario esto habria dividido todo
el tiempo en su memoria en dos fragmentos iguales.
Tan grises resultaban siempre las cosas donde él estaba que si alguna luminosidad se
demoraba entre los muertos, en el rostro de alguna reina como Cleopatra, sus ojos no
pordían percibirla.
Era extraño que actualmente los muertos estuvieran llegando en tales cantidades.
Llegaban de a miles cuando acostumbraban a llegar de a cincuenta. No era la
obligación ni el deseo de Charon considerar el porqué de estas cosas en su alma gris.
Charon se inclinaba hacia adelante y remaba
| |