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Comentario
Los martes por la tarde era costumbre en el templo de Chu-bu que el sacerdote entrara
y cantara: "Nadie existe salvo Chu-bu".
Y toda la gente se alegraba y gritaba: "Nadie existe salvo Chu-bu". Y ofrecían miel a
Chu-bu, y maíz y manteca de cerdo. De esta manera era glorificado.
Chu-bu era un ídolo algo antiguo, como puede comprobarse por el color de la madera.
Había sido esculpido en caoba y después pulimentado. Luego lo habían erigido sobre
un pedestal de diorita con un brasero delante para quemar especias y dorados platos
llanos para la manteca. De esta manera adoraban a Chu-bu.
Debía haber estado allí más de cien años, cuando un día los sacerdotes llegaron al
templo con otro ídolo y lo erigieron sobre un pedestal cerca de Chu-bu, cantando:
"También existe Sheemish".
Palpablemente Sheemish era un ídolo moderno, y aunque su madera había adquirido
un tono rojo oscuro, podía uno figurarse que acababa de ser esculpido. Y ofrecieron
miel a Sheemish lo mismo que a Chu-bu, y también maíz y manteca de cerdo
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