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Comentario
La señorita Macy trató de ocultar su desprecio.
-¿Por qué está todo el mundo tan preocupado? No nos hacen nada,
¿verdad?
En las ciudades, en todas parte, reinaba un pánico ciego. Pero no en el
jardín de la señorita Macy. Esta alzó tranquilamente la vista hacia las
monstruosas figuras de casi dos mil metros de estatura, de los invasores.
Hacía una semana que habían aterrizado en una astronave de ciento
cincuenta kilómetros de longitud, en el desierto de Arizona. Casi un millar de
ellos había descendido de la nave y ahora exploraban los alrededores.
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