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Comentario
CAPÍTULO 1
Pues verán ustedes, yo tenía este traje espacial.
Esto ocurrió de la siguiente manera:
-Papá -dije-, quiero ir a la Luna.
-Desde luego -me contestó y continuó leyendo su libro. Se trataba de los Tres hombres
en una barca de Jerome K. Jerome, que ya debía saberse de memoria.
Insistí:
-¡Papá, por favor! Estoy hablando en serio.
Esta vez casi cerró el libro dejando dentro un dedo y dijo apaciblemente:
-Ya te he dicho que me parecía bien. Puedes ponerte en marcha.
-Sí pero...¿Cómo?
-¿Eh? -pareció ligeramente sorprendido-. Pues éste es tu problema, Clifford.
Papá era así. Una vez le dije que quería comprar una bicicleta y dijo sin levantar
siquiera la vista:
-Pues adelante.
Eché un vistazo al cesto para el dinero que había en el comedor con la intención de
sacar lo suficiente para comprar la bicicleta. Pero no había más que once dólares y
cuarenta y tres centavos, por lo que después de cortar aproximadamente un millar de
kilómetros de césped, me compré la bicicleta. No le había dicho nada más a mi padre
porque si el dinero no estaba en el cesto, no estaba en otra parte; mi padre no se
molestaba en tratar con los bancos: sólo tenía el cesto del dinero y otro al lado de éste
que estaba marcado TÍO SAM, cuyo contenido apilaba y remitía por correo al gobierno
una vez al año. Esto produjo más de una vez dolores de cabeza considerables al Servicio
de Impuestos, y en una ocasión mandaron a un individuo para reconvenirle.
Al principio el fulano exigió, luego suplicó:
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