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Comentario
Toldees, Mondath, Arizim, éstas son las Tierras Interiores, las tierras cuyos centinelas,
puestos en los confines, no ven el Mar. Más allá, por el Este, hay un desierto que jamás
turbaron los hombres, y es amarillo, manchado está por la sombra de las piedras, y la
muerte yace en él como leopardo tendido al sol. Están cerradas sus fronteras; al Sur, por
la magia; al Oeste, por una montaña, y al Norte, por el grito y la cólera del viento Polar.
Semejante a una gran muralla es la montaña del Oeste. Viene desde muy lejos y se
pierde muy lejos también, y es su nombre Poltarnees, la que mira al Mar. Hacia el Norte,
rojos peñascos, tersos y limpios de tierra y sin mota de musgo o hierba, se escalonan
hasta los labios mismos del viento Polar, y nada hay allí sino el rumor de su cólera. Muy
apacibles son las Tierras Interiores, y muy hermosas sus ciudades, y no mantienen guerra
entre sí, mas quietud y holgura. Y otro enemigo no tienen sino los años, pues la sed y la
fiebre se asolean tendidas en mitad del desierto, y no rondan jamás por las Tierras
Interiores. Y a vampiros y fantasmas, cuyo camino real es la noche, las fronteras de la
magia los contienen al Sur. Y muy chicas son todas sus gratas ciudades, y en ellas los
hombres todos tienen trato entre sí, y se bendicen unos a otros en las calles, saludándose
por sus nombres. Y existe en cada ciudad una vía amplia y verde, que viene de un valle o
bosque o loma, y entra en la ciudad y sale de ella por entre las casas y cruzando las
calles; y nunca pasean por ella las gentes; mas todos los años, en el tiempo oportuno,
entra por allí la Primavera desde las tierras florecientes, abriendo anémonas en la vía
verde, y todos los goces de los bosques repuestos o de los valles apartados, profundos, o
de las triunfantes lomas, cuyas cabezas se yerguen tan altivas en la distancia, lejos de las
ciudades.
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