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Comentario
Apenas desembarcado en el planeta Faros, me llevaron los
farenses a conocer el ambiente físico, fitogeográfico,
zoogeográfico, político-económico y nocturno de su ciudad
capital que ellos llaman 956.
Los farenses son lo que aquí denominaríamos insectos;
tienen altísimas patas de araña (suponiendo una araba verde,
con pelos rígidos y excrecencias brillantes de donde nace un
sonido continuado, semejante al de una flauta y que,
musicalmente conducido, constituye su lenguaje); de sus ojos,
manera de vestirse, sistemas políticos y procederes eróticos
hablaré alguna otra vez. Creo que me querían mucho; les
expliqué, mediante gestos universales, mi deseo de aprender
su historia y costumbres; fui acogido con innegable simpatía
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