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Comentario
Y después, cuando de aquéllos, juntamente con el verdadero conocimiento de Jesucristo, se
comunicó y traspasó también este tesoro a las gentes, hizo que se pusiesen en muchas lenguas, y casi
en todas aquellas que entonces eran más generales y más comunes, porque fueron gozadas
comúnmente de todos. Y así fue que en los primeros tiempos de la Iglesia, y en no pocos años después,
eran gran culpa en cualquiera de los fieles no ocuparse mucho en el estudio y lección de los libros
divinos. Y los eclesiásticos y los que llamamos seglares, así los doctos como los que carecían de letras,
por esta causa trataban tanto de este conocimiento, que el cuidado de los vulgares despertaba el
estudio de los que por su oficio son maestros, quiero decir, de los perlados y obispos, los cuales, de
ordinario en sus iglesias, casi todos los días declaraban las Santas Escrituras al pueblo, para que la
lección particular que cada uno tenía de ellas en su casa alumbrada con la luz de aquella doctrina
pública y como regida con la voz del maestro, careciese de error y fuese causa de más señalado
provecho. El cual, a la verdad, fue tan grande cuanto aquel gobierno era bueno; y respondió el fruto a la
sementera, como lo saben los que tienen alguna noticia de la historia de aquellos tiempos.
Pero, como decía, esto, que de suyo es tan bueno y que fue tan útil en aquel tiempo, la
condición triste de nuestros siglos y la experiencia de nuestra grande desventura nos enseñan que nos
es ocasión ahora de muchos daños. Y así, los que gobiernan la Iglesia, con maduro consejo y como
forzados de la misma necesidad, han puesto una cierta y debida tasa en este negocio, ordenando que
los libros de la Sagrada Es critura no anden en lenguas vulgares, de manera que los ignorantes los
puedan leer; y como a gente animal y tosca, que, o no conocen estas riquezas o, si las conocen, no
usan bien de ellas, se las han quitado al vulgo de entre las manos
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| Autor : De Leon Luis Fray |
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