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| Comentario
CRUZAR UN CAMPO NO ES FÁCIL
Una mañana del mes de julio de 1854, un ha-
cendado llamado Williamson, que vivía a seis millas
de Selma, Alabama, estaba sentado en la galería de
su casa, junto a su esposa y a un hijo. Inme-
diatamente frente al edificio había un parque, que
ocupaba una extensión de unas cincuenta yardas
entre la casa y la carretera pública, o, según la lla-
maban, “la picada”. Cruzando la carretera se exten-
día un espeso pastizal de unos diez acres de
superficie, totalmente llano: ni árboles, ni rocas,
ningún objeto natural o artificial alteraba la chatura
del terreno. En esa época, no había siquiera anima-
les domésticos en ese campo. En otro campo, más
allá del pastizal, una docena de esclavos trabajaba a
las órdenes de un capataz.
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